jueves, 2 de julio de 2009

La violación sexual (a hombres) no da tregua..





Hace unas pocas semanas salió publicada, en el diario de la tarde Tolima 7 días, la noticia de una niña que había sido descuartizada luego de que el violador hubiera abusado de ella. Al poco tiempo, tal vez la semana antepasada, el mismo tabloide traía otra noticia sobre acto sexual violento. En esa ocasión, se trataba de un padre que mancillaba a sus propios hijos (dos niñas y un niño cuyas edades fluctúan entre los 8 y los 11 años). De Magangué llegó otra noticia, que narró el vespertino Hoy, sobre una joven de 14 años que apuñaló a su agresor sexual luego de que este hubiera consumado el ultraje. De México llegaron noticias similares vía Internet. Dice uno de los comunicados de prensa que al menos 15 hombres que habían sido detenidos fueron violados por policías en Oaxaca. Otro, que proviene también del mismo país, cuenta como dos jovencitos fueron llevados a un establo por varios hombres y allí tuvieron que soportar toda clase de vejámenes. En Nicaragua fue violado un anciano de más de 70 años, así como un hombre que caminaba en la noche por una carretera. Escogí apenas unos pocos, de muchos muchos, de estos hechos tan complejos, pues tengo conciencia de que lo peor de esos relatos no termina con la narración del periodista. Hay múltiples cargas adicionales al abuso sexual en sí que muchas veces la víctima soportará en silencio durante mucho tiempo. El peso de la conseja, la vida en y con una sociedad que muchas veces es cómplice, la culpa, el desafecto, la incomprensión, la idea de quedar marcado, de ser homosexual y los remanentes.

Y más y más y más. Un periódico vespertino, una noticia sobre este hecho; una revista, otra noticia; un blog, otra y unas noticias Internet, varias más. Son muchas y provienen de todas partes del mundo (México, Bélgica, Hungría, Rusia, Argentina, Chile, EE.UU., Uruguay, Bolivia, Colombia...). Se divulgan en casi todos los medios de comunicación. Sin embargo, cuando se trata el tema de las violaciones sexuales muy poco se comenta sobre las ejercidas sobre los hombres: este tipo de abuso apenas se percibe en la noticia o en el artículo que versa sobre el tema y en muchas ocasiones casi hay que adivinarlo, completarlo; muy pocas veces se lo explicita. Índices, porcentajes, alguna frase escueta. Sin embargo, se sabe que existe y aun cuando se da con más frecuencia de lo que uno supone y trae más sorpresas de las que uno espera, parece que estas invasiones sexuales se escondieran en la mudez y en cierta forma de complicidad generalizada.

La violencia sexual se ejerce con los más jóvenes. Una página Internet (de galeón.hispavista) cuenta cómo los niños son usados como medio para perfeccionar ciertos ritos, así como para ser usados en fiestas especializadas, porno, ritos de sectas prostitución, violación, provisión o extracción de órganos, explotación laboral y hasta para hacer películas snuff. Cuenta que un millón de niños desaparecen en el mundo cada año (solo en México 20.000 y en Chile 2.000). También dice que estas desapariciones merecerán a lo sumo “una pequeña mención que aparecerá brevemente” en alguna parte de un diario.

Por otro lado, Human Rights Watch da cuenta de gente mayor abusada sexualmente (presos) en su página (EE.UU.-sin salida: violación de hombres). Y aunque dice que no existen “datos concluyentes” sobre las relaciones forzadas anales u orales porque impera el silencio, la disculpa, de todas formas trascribo unos párrafos que sirven como ejemplo e iluminan sobre la gravedad de este que puede llamarse flagelo: “En diciembre de 2000, el Prision Journal publicó un estudio basado en una investigación sobre los presos de 7 cárceles de hombres en 4 estados diferentes. El resultado mostraba que el 21% de los internos había mantenido al menos un contacto sexual forzado bajo coacción desde su ingreso en la cárcel, y que por lo menos el 7% (sic) había sido violado dentro de la cárcel. Un estudio de 1996 sobre el sistema penitenciario de Nebraska produjo resultados similares, con un 22% de presidiarios denunciando que se había coaccionado o forzado a tener contactos sexuales en contra de su voluntad dentro de la cárcel –dice la página–. De estos, alrededor del 50% se había sometido a relaciones anales al menos una vez. Extrapolando estos resultados a nivel nacional –EE.UU.–, obtenemos como resultado un total de 140.00 presos que han sido violados”.

Más adelante agrega: “Las agresiones en grupo suelen ser comunes, y las víctimas muchas veces son abandonadas apaleadas, ensangrentadas y, en casos extremos, heridas de muerte. (...) A través de la violación, la víctima es redefinida como objeto de abuso sexual. Prueba que es débil, vulnerable y ‘femenino’ a los ojos de otros internos. (...) Una vez estigmatizado como violado, el preso se convertirá casi inevitablemente en un objeto de explotación sexual continuada, tanto por parte del perpetrador inicial como por parte de otros presidiarios (...). (...) Las víctimas de violación, en casos extremos, son literalmente los esclavos de los violadores. Además de tener que satisfacer el apetito sexual de otro hombre cada vez que se lo exija, también puede verse obligado a lavar sus ropas, darle masajes, cocinarle la comida, limpiarle la celda e infinidad de otras tareas. Frecuentemente son ‘alquilados’ para satisfacer las necesidades sexuales de otros, vendidos, e incluso subastados entre otros presos”. En cuanto a los prisioneros más jóvenes, éstos pueden sufrir violaciones colectivas o son conminados a tener sexo a cambio de prerrogativas o regalos. Por eso se recomienda que no sean encerrados con los mayores.

Lo que trae la página de Human Rigths es terrible y eso que sólo se trata del tema en las cárceles de Estados Unidos. Por lo tanto caben muchas preguntas sobre lo que sucede en las nuestras, así como en otros lugares, otras instancias, otros ámbitos. Por ejemplo, ¿qué sucede en las calles de Bogotá, Neiva, Ibagué, Cali... cualquier ciudad? Porque en las calles hay violaciones sexuales. ¿Qué pasa en los parques, en las casas –en el día y en las noches–? ¿Quienes ejercen esa violencia? ¿Dónde están los testimonios y los estudios que se han realizado sobre esta clase de abusos? Sí, hay páginas web y teléfonos de ayuda a quienes sufren el rigor de una violación, sin embargo estos medios de auxilio no son muy publicitados ni muy conocidos.

¿Pero, qué significa ser violado? Y pregunto, sin dejar aparte la violencia ejercida sobre una persona, sino en un contexto más amplio. Muchas cosas. Porque no sólo se apropia a la fuerza de alguien y se la cosifica para satisfacer un ritual que repite una humillación a través del sexo, con el sexo y por el sexo. En esta trasgresión la víctima importa, claro, por algo se la escoge, pero en últimas el abanico de posibilidades para esta selección es amplio y lo magnifica la oportunidad. Alguien (hombre o mujer) que salió a trotar de noche y pasó por un lugar por donde transitaba también el victimario. Alguien que sale con tragos de una fiesta y camina solo por ahí... Por ejemplo. En todo caso, alguien que queda en estado de indefensión y que no puede reaccionar ante una primera amenaza, un arma, y tiene que ceder a las pretensiones de ese otro que tiene que inscribirse de esa manera.

Esta inmerecida fuerza puede provenir de cualquiera que desee ejercerla y puede proceder de la fuerza pública, fuerzas armadas, de los ejércitos que invaden, del pariente, del vecino, dentro de las familias más probas donde se condena por ser diferente. Se habla de poblaciones que han sufrido este azote en las cuales no se respeta ni edad ni género. Simplemente tuvieron la mala suerte de resultar vencidas en alguna contienda y aunque eso tiene ocurrencia desde tiempo inmemorial no hay excusa, así se diga que lo que sucede en esos casos es que se refuerza la “naturaleza patriarcal”, “el poder masculino”, la necesidad de imponerse y humillar en lo más íntimo al sometido. Los daños psicológicos pueden ser permanentes en quienes resultaron abusados: deseos de suicidio, crisis, vergüenza, odio hacia ellos mismos, y físicos, porque en muchos casos, así la víctima no oponga resistencia, se la golpea, corta, maltrata o al darse la penetración sin ningún tipo de lubricación es factible romper el ano con la violencia ejercida; así como también existe la posibilidad de contraer sida o cualquier enfermedad de trasmisión sexual.

El que ataca no necesariamente es homosexual, al contrario, porque no siempre en estos asaltos se busca una recompensa sexual. Además, la mayoría de violadores se identifican como heterosexuales y atacan a hombres que tengan cualquier tipo de orientación, pues es algo que tiene que ver más con las circunstancias, con el físico y con la suerte. Una penetración forzada puede implicar para el sujeto activo poder, mando, dominio y humillación. En todo caso se trata de mantener una posición de superioridad. En otros, claro que puede darse un placer sádico, al obligar a otro ser a tener relaciones y a excitar aún contra la voluntad del ofendido. Hasta puede existir algo de sutileza, así como violación psicológica, aparte de la física. O complacencia. O satisface un ego. O falso enamoramiento, obsesión y conocimiento de la imposibilidad de acceder de otra forma a ese cuerpo que se desea, acosa o persigue. Son tantas las posibilidades. Tanta la capacidad de abuso...

No es fácil revelar que se fue víctima de una violación; los torturados por esta vía deben hacer lo posible por vencer el peso y las consecuencias sociales y emocionales que aporta el trauma padecido. Muchas veces la gente a quien se le cuenta lo acaecido no lo cree, pues en una primera instancia ni lo admite la propia víctima; es que el hecho en sí sorprende, porque nadie, por lo general, piensa que puede ser perjudicada de esa forma. Como algo paradójico esa víctima muchas veces siente que provocó el ataque, ya sea por las ropas que usaba, por el físico, por la edad, por la actitud, por la manera como caminaba, por los tragos que llevaba encima, por la hora en que salió y por donde transitó, porque sí o porque no. Y como algunos violadores pueden llevar a la víctima a la excitación, para aumentar el sentido de control y humillación y para que no se reporte el crimen, obviamente puede ocurrir en el hombre abordado, erección y eyaculación. Pero más como consecuencia del estrés provocado, el roce, la aprehensión, o del mismo contacto físico, lo que confunde todavía más, aunque sea claro y esto hay que acentuarlo, que no tienen que ver necesariamente con goce o con aceptación.

Es curioso, pero mucha gente sí lo cree así y por lo mismo la violación está incorporada al mundo de la fantasía y al juego sexual compartido. Hacen parte de una representación sexual, casi un delirio, basta con leer relatos eróticos heteros o gays para establecer el gusto que representa. Estos estímulos hacen parte de la vida privada y no tienen nada que ver con violadores en plenitud.

Para terminar, la pregunta final tiene que ver con la palabra silencio. Los hombres, los varones como “hijos del silencio”, hijos de la ausencia del padre y de la capacidad de comunicar, de hijos que proyectan esa ausencia de palabras al fuero más íntimo y callan lo que no se debiera (muchas veces se teme que si se cuenta, cae en una automática desvaloración social y al marginamiento. Marginamiento que puede ocurrir, ya sea como una actitud personal, ya sea porque efectivamente la persona es repudiada). Pienso que debe haber un foro donde se ventile el tema abiertamente, donde se estudie la Ley y su pobre alcance. Un foro donde se pueda discutir (puede ser una página web) este tema y donde se puedan desahogar tantas experiencias traumáticas. Un lugar donde se manifieste la magnitud del problema y los alcances que tiene. Si no se conoce, no se cura, no se acaba. Si hace parte de la invisibilidad, pues ahí seguirá este flagelo, invisible. Hace falta hablar sobre lo que sucede en nuestra sociedad y sobre lo que ocultamos. Hace falta un foro. Ahí está, inventémoslo.




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